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PÁRROCOS, ESCOBAS Y BATALLAS

Arturo Pérez-Reverte

Tenemos por delante una larga temporada de polémica histórica, a base de aniversarios, bicentenarios y cosas así. Que es justo lo que le faltaba a esta nueva España megaplural y ultramoderna que nos están actualizando entre varios compadres. La verdad es que el tricentenario de la ocupación inglesa de Gibraltar habría pasado inadvertido de no ser por la murga que organizaron los guiris, pues aquí nadie pareció acordarse de nada. Pero vienen tiempos difíciles para la amnesia. En 2005 hará doscientos años de lo de Trafalgar. Y entre 2008 y 2014, una docena de ciudades y pueblos españoles tendrá ocasión de conmemorar fechas de batallas decisivas hace dos siglos, como Bailén, La Coruña, Zaragoza, Gerona, Talavera, La Albuera, Cádiz, etcétera. Me refiero a ese período que antes, en los libros del cole, se llamaba guerra de la Independencia, y ahora no sé cómo cojones se llama, si es que aún se llama algo.

En otros países, conmemorar esas cosas está chupado: acuden los historiadores, los niños de los colegios, las asociaciones, se recorre el campo de batalla, se homenajea a las víctimas de uno y otro bando, y se mantiene viva la memoria de los hombres, sus hazañas y sus miserias. Lo hemos visto en Waterloo, en Gettysburg, en Normandía. Todos lo hacen, como recordatorio de lo grande y lo terrible que hay en el corazón humano. En España no, claro. Somos el único país donde conmemorar batallas no sólo está mal visto, sino que permite, a la panda de mercachifles y payasos de que tan sobrados andamos, sacar fuera la mala leche, el oportunismo, la insolidaridad y la incultura que, precisamente, crearon campos de batalla. Acostumbrados a confundir Historia con reacción, memoria con derechas, pacifismo con izquierda, guerras con militarismo, soldados con fascistas, cualquier iniciativa para rescatar la memoria, el coraje y la dignidad de quienes lucharon y murieron por una idea, por una fe o
simplemente arrastrados por el torbellino de la Historia, tropieza siempre con un muro de estupidez y demagogia.

El último caso tuvo lugar hace poco en Bailén, cuando, en los actos conmemorativos, un párroco local -ignorando que conmemorar no significa celebrar- alzó una escoba mientras leía un texto de San Francisco en defensa de la paz, mostrando así su disconformidad con que la ciudad recuerde que allí, hace ciento noventa y seis años, un ejército de campesinos y patriotas alzados contra la ocupación de su tierra por un ejército extranjero infligió a Napoleón su primera derrota. Y así la demagogia del párroco desplazó, en los titulares de diarios, la que hubiera sido reflexión adecuada: que Vietnam o Iraq, por ejemplo, tuvieron en la batalla de Bailén -en España- un precedente digno de consideración. Que es justo de lo que se trata. La Historia como luz para iluminar el presente.

Conmemorar el aniversario de una batalla no es un acto belicista, ni de derechas, ni de izquierdas. Es un acto de afirmación histórica, de identidad y de memoria. Es homenajear a los abuelos, honrando la tierra que mojaron con la sangre que corre por nuestras venas. Es recordar el sufrimiento, el valor de quienes fueron capaces de levantarse y subir ladera arriba, entre la metralla, porque ese día, en aquel lugar, fueran cuales fuesen la bandera o las ideas que los empujaban, creyeron su deber hacerlo; así que apretaron los dientes y pelearon, en vez de quedarse en un agujero agazapados como ratas, leyendo a san Francisco mientras sus amigos y sus vecinos morían por ellos. Porque a veces, la vida, la Historia, las cosas, son muy perras, y te obligan a luchar y a morir, te guste o no te guste. Por pacífico que seas. Y todo hombre o mujer que cumple esa regla, en cualquier bando, merece recuerdo y respeto, igual que una bandera -aunque en tu fuero interno las desprecies todas- debe ser
honrada, no a causa de los políticos de mierda que se aprovechan de ella, sino a causa de quienes murieron por defenderla. He dicho alguna vez en esta página que la Historia no es buena ni mala. Es objetiva. Sólo es Historia. Ocurrió y punto. A las nuevas generaciones corresponde sacar lecciones de ella, en vez de barrerla con una escoba como pretenden el párroco de Bailén y tantos imbéciles más. Escoba que, por cierto, los soldados franceses que en 1808 ocupaban su tierra a los acordes de La Marsellesa, poco amigos de sotanas, no habrían dudado en meterle al señor párroco por el ojete.
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21/04/2004.
Carta publicada en distintos medios de comunicación, enviada por el militante del TNS y antiguo miembro de las FAS Jesús Muñoz

LA LEY DEL EMBUDO

Se imaginan ir por las calles de Madrid y encontrarse con un enorme y llamativo cartel en el que resalte la frase "Me cago en Alá", o "Me cago en el Rey" o "Me cago en la Democracia", difícil ¿verdad?. Puestos a imaginar, imaginen que este cartel es el título de una obra de teatro. ¿imposible?. En el colmo de lo onírico supongan que además se representa nada menos que en el Círculo de Bellas Artes. ¿Qué no se lo creen?. Pues es verdad todo menos el objeto del insulto: la frase que decora las calles de Madrid y los carteles del Círculo de Bellas Artes es exactamente "ME CAGO EN DIOS". ¡Ah bueno, qué susto ! exclamarán algunos, eso es mucho más progre, más tolerante, más moderno. En mor de la tolerancia, en España no se debe insultar a las religiones ni a sus creyentes, (salvo a la religión católica claro), de igual manera que está mal visto censurar las ideologías políticas (salvo las patrióticas por supuesto) y no se puede ofender a ningún pueblo, ciudad o región (excepto lo común a todos, es decir, a España). Es más, el que se sienta indignado por estos insultos será tildado de fascista, carca o intolerante y como se le ocurra defenderse ante estos ataques que se vaya preparando, que lo que le ocurra le estará bien empleado. ¿Democracia?, ¿dónde?, ¿libertad?,¿para quién?, ¿estado de derecho?, ¿ no será de deshecho?.

Jesús Muñoz.

El timo del soldadito Pepe

Es que lo ponen a huevo. Observen sino la perla. Televisión, hora de máxima audiencia, publicidad: "Nuestras fuerzas armadas siempre están donde se las necesita". Ahí, nada que objetar. Las fuerzas armadas están para eso. Patria aparte, soldado viene de soldada, que significa cobrar por jugarse el pellejo. Al oír lo de fuerzas armadas -fuerza que lleva armas- uno imagina a intrépidos guerreros desembarcando con el machete entre los dientes, corriendo colina arriba bajo el fuego enemigo, o defendiendo Perejil hasta la última gota. Incluso -a ver si le hago caso a mi madre y me reconcilio con los obispos de una puta vez- a curtidos lejías sin rastro de grifa en la mirada marcial, llevando en alto al Cristo crucificado en las procesiones de Málaga tras poner su equis en la correspondiente casilla eclesiástica de Hacienda. Uno espera eso, por lo menos, de un anuncio que reclama voluntarios para las fuerzas armadas. Pero no. Desilusión al canto. En vez de referirse a la guerra espantosa, que es lo relacionado de toda la vida con ese oficio, se diría que el anuncio se lo encargaron a la factoría Disney.

Supongo que también lo han visto: unos jóvenes y jóvenas con cara de buenos chicos, maravillosos, solidarios, vestidos de camuflaje, ayudando a la gente de una manera, oyes, que te pone la carne de gallina, sonrientes, abnegados, maravillosos. Éste da de beber al sediento, aquel viste al desnudo, el de acá visita al enfermo, el otro consuela a los afligidos. Todo como a cámara lenta y con música, creo recordar -lo mismo no era esa peli, pero se parece- de La Cenicienta. Ya saben. Eres tú el príncipe azul que yo soñé. Y, por supuesto, ni pistolas, ni tanques, ni nada. Armas de destrucción masiva o en menudeo, ni por el forro. El arma de esos muchachos, desliza implícitamente el anuncio, es su corazón de oro. Disparar ya no se lleva, por Dios. Para antibelicistas, nosotros. Tenemos las únicas fuerzas armadas pacifistas del mundo. Invento nacional, marca Acme. Así que ya lo sabes, joven. Si quieres ayudar a tu prójimo, hazte soldado.

Y qué quieren que les diga. Antes, el ministerio de Defensa sacaba a unas topmodels estupendas vestidas de marineras y de rambas, que daban ganas de engancharse y reengancharse varias veces, por la patria o por la cara. Ahora, con la cosa humanitaria, no sé. Porque esa imagen del soldado en plan Heidi y Pedro tiene la pega de que luego, cuando te descuartizan -en la guerra suele ocurrir- el interfecto puede decir oiga, esto no venía en el anuncio. Me querello. Y además, lo del soldado pacifista es una idiotez que se han sacado de la manga los que viven y trincan de no llamar a las cosas por su nombre. Porque, o eres, o no eres. Y si eres, lo asumes y punto. Sin milongas. Aparte de dar medicinas a los niños en sus ratos libres, que es muy loable, los soldados están, sobre todo, para pegar tiros. La filantropía a tiempo completo corresponde a las oenegés, y no conviene confundir al personal. El enorme respeto que merecen los militares españoles muertos en misiones humanitarias no debe hacer olvidar que ésa es sólo una parte, y no la principal, del oficio castrense. Cada uno a lo suyo: las oenegés ayudan y los soldados escabechan. Eso de la reconversión pacífica del soldado moderno es una milonga macabea española. Pregúntenle a los marines, que son modernos de cojones, o a las pacíficas ratas del desierto de Blair. A ver para qué está un soldado si no es para matar a troche y moche. Otra cosa es que la guerra sea reprobable e indeseable, que en España no haya presupuesto para escopetas, que un cazabombardero sea políticamente incorrecto, y que salga más bonito y barato tirarse el pegote con lo del ejército humanitario. Pero oigan. Si jugamos a eso, que el Gobierno sea consecuente y lo asuma a fondo. Que disuelva las fuerzas armadas y las sustituya por fuerzas desarmadas, los cascos rosa Ken y Barbie o la oenegé Soldados Besuqueadores sin Fronteras. Así no gastaremos viruta en uniformes de camuflaje, tendremos la conciencia como los chorros del oro, y no habrá necesidad de poner en la tele anuncios con el tocomocho del soldadito Pepe. Y si un día nos atacan Andorra, que no cunda el pánico. Seguiremos poniendo el culo en Washington para que los marines de Bush -al fin y al cabo, ocho de cada diez se apellidan Sánchez y hablan castellano- maten por nosotros. Aquí, paz. Y después, gloria.

Por Arturo Pérez Reverte (publicado en distintos medios comunicación).
Cuidado si piensas en ser militar.

-"Este Gobierno, que hace constantemente alarde de disminuir el paro gracias a su gestión, inclusive hasta llegar al pleno empleo si se mantiene su política; va sin embargo a través de su Ministerio de Defensa, por si mismo, el 31 de diciembre, a incrementar las listas de parados del INEM, en 700 personas aproximadamente, exmilitares de Complemento y de tropa y marinería.

Cierre glorioso de ejercicio para el Ministerio de Defensa, nota triste, que no empañará, la grandilocuencia con la que alabarán la labor humanitaria etc. etc. que a lo largo de 2003 han desempeñado los militares, mis compañeros, mis amigos, mis iguales, fuera de nuestras fronteras, cuyo sudor curiosamente, no empaña las camisas de
los políticos que se enaltecen del sacrificio de estos hombres, como si fueren ellos quienes arriman el hombro; y ponen el pecho frente a las pistolas o las bombas de los terroristas.

Somos 700 españoles aproximadamente, que ingresamos hace doce y trece años en las filas de la Milicia, habiendo superado las pruebas y condiciones que a tal efecto nos fueron impuestas y llegados a esta fecha no hemos sido capaces de superar unas barreras burocráticas nacidas al socaire del desarrollo de la Ley 17/1999 de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas y por lo cual el Gobierno se dispone a prescindir de nosotros, Mismo Gobierno, que se ve obligado mediante costosas campañas publicitarias a captar demandantes para cubrir sus expectativas de defensa. Campañas publicitarias que ofrecen a los jóvenes una profesión, una forma de vida; engañosas puesto que en el fondo subyace la utilización descarada de la vida (compromisos de dos o tres años, máximo doce) de estos jóvenes a quienes no se les dice que su vida profesional de las Fuerzas Armadas estará limitada a doce años, la misma que tiene de vida un electrodoméstico. Y realmente esto es lo que somos para el Ministerio de Defensa y por ende para el Gobierno, meros electrodomésticos que hacen cómoda la vida diaria pero que a los doce años, cambiamos, no porque no funcionen, si no por que su línea no esta de moda, han perdido color o hemos cambiado los muebles de la cocina y ya no encajan.

Pero hablamos de hombres, de hombres que repentinamente se encuentran en la calle, con treinta y muchos años de edad y con un currículum vitae colgado al cuello en el que se lee: he trabajado doce años a plena satisfacción de mis Jefes para el Ejército, he servido a España y al Estado, dentro de sus Fuerzas Armadas; pero España y el Estado no son una empresa con sucursales donde pueda seguir desempeñando mi labor, son una que no encuentra acomodo en el mundo laboral productivo.

Mismo Gobierno que busca en otras capas sociales ajenas a nuestro País y nuestra cultura, voluntarios para ocupar puestos como tropa profesional en nuestros Ejércitos, y a quienes se les concederá la nacionalidad española y no irán al paro al finalizar su compromiso, sería políticamente negativa para el exterior. Podemos
humillar al nacido en España. Quizá sea, que debamos avergonzarnos de ser españoles, o que ello fuera inclusive un delito. ¡Pues que nos hagan extracomunitarios! Tendremos mas derechos y mejor atención del Gobierno e Instituciones Gubernamentales. ¿Estamos dando trabajo a colectivos de fuera de nuestro país y estamos ingresando en el INEM a nuestra gente?".